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Elogio de la brevedad

Mariel Florentino

SUEÑO, de Mariel Florentino

SUEÑO, de Mariel Florentino

Un encuentro furtivo, ininmaginado; como escenario, la caricia de las olas y el reflejo del sol sobre la arena. Su presencia tenía el hálito del pasado y el dulce recuerdo de una juventud perdida. Estiró sus brazos y sus manos no se encontraron. Sus palabras fueron arrastradas por la suave brisa. Miró hacia los acantilados y vio desaparecer una sombra escurridiza... El sueño se esfumaba y se hallaba nuevamente ante el misterio de la soledad.

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PIEL SUAVE, de Mariel Florentino

PIEL SUAVE, de Mariel Florentino

 

 

Entró Sorpresivamente en aquella alcoba fría, unos ojos celestes y cálidos la recorrieron con su mirada.

Cerró la puerta y caminó hacia los ojos, se sentó y su mano halló el calor que buscaba en la caricia.

Introdujo su cuerpo entre la suavidad de las sábanas de seda y el frío de sus pies fue desapareciendo.

Incómodo, el siamés maulló.

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DESTIERRO GRIS, de Mariel Florentino

DESTIERRO GRIS, de Mariel Florentino

Calcinante, el mediodía acompañaba sus miedos mientras trabajaba. Ruperto era un hombre de pocas palabras, indeciso, tímido, pero con un corazón grandote. Lo poco que tenía lo había logrado trabajando de sol a sol. La vieja casa que lo cobijaba junto a su familia mostraba el sello de cada esfuerzo, de cada sacrificio.

Quizás por eso aquella tarde, cuando el dueño del campo le dijo con prepotencia que había sido vendido, que debía dejar el lugar, sus ojos se agrisaron, el corazón le comenzó a latir más rápido y el cielo tormentoso y rojizo era poco comparado con su cara. Balbuceante, sólo alcanzó a dar unos pasos y cayó como fulminado por un rayo. No pudo resistir el dolor que lo golpeó hasta matarlo.

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