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Elogio de la brevedad

LA LLEGADA DEL TREN, de Marta Dulce

LA LLEGADA DEL TREN, de Marta Dulce

Miguel esperaba sentado en el banco del andén con los ojos cansados. Mientras veía pasar los trenes retenía con fuerza y esperanza las palabras de su madre. Antes de partir, con su último aliento, le había dicho: “Miguel, el camino a la felicidad pasa por única vez como un tren, sólo hay que estar atento y saber cuál elegir.”

Desde ese entonces, Miguel recorrió un sinfín de estaciones. No quería perder la oportunidad.

Veía correr a tanta gente subiendo a vagones de cientos de formaciones que pasaban una y otra vez durante el día y la noche. Estaba atento a los destinos. Tenía la plena seguridad de que ninguno llevaba el cartel esperado.

Después de largas jornadas de desvelo, el sueño lo tumbó en un banco. Acurrucado bajo su campera de jean, sintió que unos brazos lo alzaban. El hambre y el agotamiento le impidieron despertarse. Entre sueños, percibió que lo movían. El calor de un banco diferente lo cobijó. Dormía tranquilo, arrullado por el vaivén del vagón que recorría tierras para él desconocidas. Soñó que por fin había llegado el tren de sus sueños. Al despertar, se encontró con los ojos de su madre y ya no pudo elegir. 

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