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Elogio de la brevedad

LOS CONDENADOS, de Norberto Pannone


    Acurrucados, temerosos, alertas. Todos estaban allí aguardando la macabra hora del trágico final.
    Ese rectángulo que los contenía era su última morada, después, perderían sus cabezas uno a uno en una muerte inaudita, brillante, inexplicable.
    Un hilo de luz se filtró por la abertura y una vez más, uno de ellos fue arrancado de allí. Escucharon luego la friega y el estampido y, temblando de furia y de miedo, comprendieron que otro de sus hermanos había muerto.
Era verdaderamente aterradora aquella incierta espera. Ninguno de ellos sabía a quién podría tocarle de ahora en más. La inminencia de la muerte exacerbaba el albur que cada uno correría.
   Elegidos al azar, sin discriminar. El verdugo nunca se detenía a mirarlos, sabía muy bien que cada uno debía morir tarde o temprano.
    La voz llegó hasta ellos y los sacudió con su fatídico sonido.
    -¿Dónde dejaste los fósforos?
    -Sobre la alacena -respondió otra voz.
    La gigantesca mano tomó a otro de ellos y con terrible saña, le arrancó la cabeza al frotarlo sobre el costado de la caja que los contenía.

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3 comentarios

mariel -

ngenioso,atrapante,muy bien escrito.

Marita Ragozza -

Me llevó a otros lugares para luego caer en le final inesperado. Muy bueno.

Marta -

Excelente! Me llevó a un ambiente...y una luz que no esperaba se despertó al final.
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