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Elogio de la brevedad

UNA NOCHE EN LA BIBLIOTECA, de Hernán Salvarezza

 

Leía un texto de geografía en la biblioteca nacional un sábado de primavera pasada la medianoche. Lo apasionaban las enciclopedias de Richard Hugget y David Morney; también disfrutaba de la historia mundial según la entendía Nicanor Xul.

 Mientras estudiaba la Patagonia Argentina escuchó un murmullo que no pudo identificar, acaso una voz interior o el rugido lejano de un tigre.

Siguió el vasto sonido hasta llegar al fondo del salón y fatigó la escalera caracol hasta la buhardilla. Adentro, un escritorio, un sillón de cuero  y un viejo baúl sin tapa que contenía un libro forrado con gamuza azulada.

Pasó algunas páginas apurado por descubrir el contenido del volumen.  La última vez que había sentido esa emoción por un libro, leía la Odisea de Homero que primero perteneció a los Griegos y después a todos los pueblos.

Las primeras hojas le revelaron sus pasos iníciales en las letras y los precedentes de los volúmenes que vendrían. En el segundo canon encontró su actualidad, reflejada sin secretos. En el tercero se encontró a sí mismo, convertido en tigre y en su eterna búsqueda del oro.  También le mostró su destino inevitable y su increíble final. Sería tan solo un ciego escritor de cuentos llamado Borges.

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