Dos de Maria Eugenia Caseiro

LIBRE
Se frotó los ojos desafiando la luz que atravesaba un nido de pestañas, una pared, otra, otra… Finalmente, disparó el último grito del revólver. El humo de la pólvora se llevó el dolor y lo libró para siempre de la luz.
CEGUERA
Cuando todos se habituaron a mirar sin ver, la noche se hizo eterna. Hoy ya nadie puede reconocerse en los espejos.
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Ragozza Marita -
Marta -