EL HUEQUITO, de Eduardo Espósito

Se miraron sorprendidos.
El diálogo visual que mantuvieron, más el mutuo encogimiento de sus hombros, fue suficiente para ambos.
-Vino fallado -dijo Él.
-Yo no tengo la culpa –dijo Ella.
Pero ahí estaba: colorado, berreante y con ese dichoso agujerito en mitad de la panza.
-¿Y si se lo tapamos con una piedrita?
Ella frunció el ceño.
-¿Y si respira por ahí?
-¿Y si…?
Un mono chilló en los abedules.
Caín lloró y Eva acercó un pecho.
Aún temía que la leche se escapara, por el huequito recién cicatrizado.
1 comentario
María Laura -