AQUÍ Y ALLÁ, de Héctor Faga

Amaneció. La luz negra del estipacio fue cubriéndolo todo, desde el tréndido hasta el períscafo. Acreto saltó de su óndigo, donde había reposado, y fue al etolaque. Una reparadora astralopelagia terminó de despertarlo, mientras en la usularia, un humeante áptico terminaba de prepararse. Lo bebió de un sorbo, se calzó como pudo el blástico, tomó el acarigo lleno de documentos y salió a la rodadura. Era un hervidero de tusos, elicatos y sintonios. Chistó a un parero, pero éste siguió de largo. Resignado, comenzó a panotear. Otra vez llegaría tarde a su infensato. Es que es muy complicada la vida, así en Marte como en la Tierra.
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Marta -
Anónimo -
Ricardo Rubio