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Elogio de la brevedad

CUADRO, de Angélica Sonia Barrenechea Arriola

CUADRO, de Angélica Sonia Barrenechea Arriola

 

 

Tenia la cara del tiempo transcurrido. Arrugas que marcaban silencios destruidos por gritos sordos. Algunos dientes que faltaban en su lugar de origen  entreabrían sonrisas que nunca habían sido emitidas.

Tenía dolor y olor a huella caminada en angustias y un poco de dicha escandalosamente oculta.

Era casi un cuadro de penosa gloria. No marcaba alegrías ni encuentros deseados, solo algún brillo oculto entre lágrimas de unos ojos claros que se olvidaron de ser.

Gemían en nieve blanca unas canas que ni siquiera podían brillar por la opaques de un pelo sin vida, aunque abundante.

Entre un silbido de un audio entrecortado de los ruidos morbosos de la ciudad ciega se escuchó:

Una limosna por favor…

Y se rompió el encanto de un cuadro perverso que tenía vida.

¿Tenía vida?

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