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Elogio de la brevedad

UN VACIO. de Carmen María Camacho

UN VACIO. de Carmen María Camacho

 

Toda la noche sentí como un insomnio con ondulaciones lilas y doradas, con un vacío inmenso en mi cerebro, como si mis neuronas hubiesen sido extraídas, Extendí mis extremidades y las sentí livianas, así que abandoné las sábanas blancas y me dirigí al jardín en donde acostumbraba a batir sus alas un picaflor verde azulado; extrañaba al no verle.

Busqué por todos lados y el picaflor no estaba, el jardín había desaparecido en mi presencia. Bostecé extendiendo los brazos y me puse a pensar si es que todavía estaba soñando o si estaba despierta, pudiendo comprobar al tocarme, que mi cuerpo estaba conmigo, mis manos estaban conmigo, mis ojos tenían la vivacidad de la noche anterior a pesar del insomnio; el jardín había desaparecido en mi presencia.

Signos incomprensibles se pintaron en mis ojos y en mi corazón, lavando mi jauría de sentimientos enclavados en mis entrañas con su alegría dorada y contagiosa. Luego, se ausentaron convertidos en luceros, jirones del aire y de la prisa. Yo, regresé a mi cama...

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